Encontrar lo común y hacer del momento algo mágico, emocionarse con una sonrisa o llorar de emoción, de buena emoción, olvidar que después de lo que estamos haciendo, hay que hacer otra cosa y centrarse en lo que estamos haciendo en ese preciso momento, haciendo un monumento a lo cotidiano y un elogio a su vez a la lentitud.
Emprender un viaje interior con parada en “ti mismo”, acompasar tu corazón al corazón de quien a su vez acompasa el suyo con el tuyo, sentir que viajas en el segundo que te traslada al minuto de la hora del día que lleva al mes del año de tu vida, que es siempre y es eterno…
Continua… No olvides pedirme unas llaves…
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