Entre Almossasa y videoblog, compositor ocasional y penitente de bareto, he recapacitado mucho esta semana sobre el estado de mi mundo, en serio, más allá de la crisis, el puñetero Euribor y cuestiones análogas o antágonas (palabro que creo, que he inventado).
Y he pensado en la ola de intolerancia eterna que nos rodea bien por incultura o prepotencia intelectual.
Me declaro enemigo de los integristas, me da igual el tipo de integrismo, no los soporto, ya sea su integrismo, religioso o sexista, integristas del amor o se trate de integristas de la honestidad y sus principios y su puta madre, no me gustan y además me dan miedo, son robots, donde está el matiz, la cintura, el requiebro.
El mundo es un puto agujero si no buscamos el borde, con cintura y dialogo. No pretendo el vale todo y ese relativismo de todo da igual y cada uno tiene su verdad, que tanto me toca los cojones, hay cosas que están mal y están mal, pero hay cuestiones de alma, sentimiento y razón y hay que echarle alma, sentimiento y razón al tema.
Por lo que, cada vez me parece más idiota hacer trajes, conozco a gente que se pasa el día haciendo trajes, no ven más allá de su integrismo, y ojo, que integristas los hay de todos los colores, desde el de misa y comunión, incapaz de levantar la mirada y enfrentarse a una sociedad compleja y convulsa, hasta el guay, de yo soy más de izquierda que nadie, siempre y cuando se trate de salvar el mundo en un buen restaurante, aquí tenemos otra vertiente, el de la camiseta del Che, el porrito y el no a la SGAE que son una panda de mafiosos.
Se que voy a hacer sangre, pero sigo, no soporto a la integrista feminista que piensa que todos los hombres son una pene y dos ideas, sexo y fútbol, al que se hace el machito y no ve más allá de dos tetas, porque en el fondo teme a las mujeres, no las conoce y se siente inferior, al que han convencido, que en el mundo solo hay un camino, y es, el que nos han inculcado nuestros padres, sin cuestionarse nunca, que hay vida más allá de esas ideas, que además son de otra generación y de otro mundo, el mundo de hace veinte o treinta años.
Por supuesto el integrismo que me asfixia y me intoxica, es, él del nacionalista de España es lo mejor, Extremadura es la ostia y el campanario de mi pueblo es el más bonito del mundo, claro que Extremadura es la ostia, pero hay muchas ostias por ahí, por eso es bueno salir del agujero, o al menos, acercarse al borde, este comentario es extensible a cualquier otro nacionalismo, vasco y catalán incluido.
Mejor no digo nada del integrista racista, xenófobo u homófobo, lo mejor que puedo hacer con estos, es cagarme en el puto momento que su padre y su madre copularon para traer al mundo a un saco de mierda con apariencia humana.
De psiquiatra está, el que cuando se trata de pulsiones amorosas dice, yo nunca lo haría, claro que hay cosas, que no se deben hacer, como por ejemplo, lo que todos estamos pensando, pero el amor es irracional y sobre todo, es una sensación que te puede arrastrar a una euforia infinita o a la decepción más profunda, por lo tanto mira tu historial antes de juzgar y aún así, cuidadito.
La vida es muy curiosa, a veces debes perder para ganar, no comprender para aprender, desandar el camino y empezar de nuevo, mirarte tus miserias para enriquecerte, sentirte desnudo para empezar a vestirte de buenas vibraciones, tocar fondo para poder saltar.
Por eso, hoy escribo pensando en muchos y en mí, por eso, he querido cagarme en la intolerancia y recordar, que el mundo es un espejo que te devuelve una realidad a la inversa, por lo que perder, a veces, es ganar mucho.